15 de mayo de 2015

La sangre alterada.

Escribía con los ojos lo que no quería decirme a la cara. Me daba margen para no responder a los disparos. Silenciaba el mundo si bailaba, paraba molinos con su aliento. Todo lo que pisaba se convertía en primavera -menos yo. Salían flores de su sonrisa y de sus manos agua para regarlas. Las regalaba a madres tristes y a padres cansados. A mí me regaló el amor que yo una vez la regalé, el alivio que encontré debajo de su almohada y los sueños que nunca me concedieron. La regalé el comodín de la duda por si nunca lo quería utilizar. Desde entonces sus palabras son más frescas y su sonrisa menos pícara. Cada mañana era el sol que entra a través de la persiana, el que te da en la espalda desnuda después de una noche larga. Era todo lo que quería, y todo lo que quiero. Yo soy todo lo que no quería querer, que acabó teniendo. Regalamos, hicimos y fuimos, somos y seremos amor.