He dejado de contar los pasos, dos por rama, para contar las
ramas. Paso horas mirando árboles, hablándoles, llorándoles. Qué bonito es
cuando ellos cantan en susurros: “ya llega la primavera” aunque estemos en
noviembre. El museo que nadie visita y tiene el arte más bonito. Qué sereno,
que alto habla a la vez.
Cuando paso horas pensando, ese es mi hogar. La corteza de un
árbol, un libro en braille. El baile de las hojas moviéndose. El recital de los
frutos que caen al suelo.
Todo es mucho más fácil si te vas por las ramas.
