27 de noviembre de 2015

Hojeando este libro.



He dejado de contar los pasos, dos por rama, para contar las ramas. Paso horas mirando árboles, hablándoles, llorándoles. Qué bonito es cuando ellos cantan en susurros: “ya llega la primavera” aunque estemos en noviembre. El museo que nadie visita y tiene el arte más bonito. Qué sereno, que alto habla a la vez. Cuando paso horas pensando, ese es mi hogar. La corteza de un árbol, un libro en braille. El baile de las hojas moviéndose. El recital de los frutos que caen al suelo. 
Todo es mucho más fácil si te vas por las ramas.

26 de octubre de 2015

«Tiempo»

Siento que ya no todas mis palabras sean para ti, ni mías. En pocomucho tiempo las cosas han cambiado pocomucho. En un año ya no estamos en un parque, pero sí hablamos de las mismas personas.
Aunque ya no todas mis palabras sean para ti, te las dedicaré, porque de alguna forma hay un pocomucho de ti en ellas. Porque todavía queda un pocopocopoco de ti en mi boca, mis palabras, en mitunuestra libreta.
Qué bien que ya nos necesitemos como antes, pero aún mejor es que nos necesitemos como ahora, como anclaje a mitunuestro mundo.

27 de agosto de 2015

He decidido parar el tren, bájate.

Existen amores viajeros y amores pasajeros. Yo soy tu amor viajero, te acompaño en aventuras si queremos.
Tú, sin embargo, eres mi amor pasajero. Pasajero del tren que llevo dentro y me ve entero. Ninguno de los dos se atreve a hacer fotos.

4 de agosto de 2015

Otro más

Tenemos el coraje de tomar buenas decisiones y el amor para tomar malas. Decidimos si la felicidad que presentamos es suficiente y eso nos define. Somos egoístas o no miramos por nosotros mismos. Buscamos felicidad como si fuese un objeto que coger con nuestras manos y ponerlo de decoración en nuestras casas cuando lo más parecido es una puesta de sol proyectando colores en la fachada y olor a nostalgia. Nosotros decidimos si la tristeza es suficiente para seguir viviendo, y decidimos inconscientemente, pero lo hacemos y no sabemos hasta que punto llega. Yo decido hablar de nosotros para no hablar sólo de mí. Es un nuevo estudio sin base fundamentada con el fin de hacerme sentir mejor.
Yo decidí ser egoísta.

17 de julio de 2015

Por llorar bajo un sauce llorón.

Los desalojamientos de traje y corbata son la mudanza de tu pelo cuando te giras para no verme más. Las faltas de ortografía en un diario de cuando tenía 10 años y no sabía que me esperaba(s). Como las aspas de un ventilador que está aprendiendo a girar en el verano más caluroso del los dos últimos siglos, sin nadie que le programe. 
Una cafetera olvidada por culpa del té helado, que empecé a tomar por ti.
Otro trago de cerveza sin alcohol con la que pretendo emborracharme. Culparla de mis malas decisiones. En las cajas te llevaste cachitos de mí entre discos de vinilo que yo he colado para que me veas un poco más. 

21 de junio de 2015

"No sé cómo he llegado aquí, pero no sé si quiero salir."

Vuelve aquí para decirme que soy diferente.
Nos hemos vuelto a buscar para seguir siendo así de tontos.
Dejémonos de tonterías, somos el segundo plato del otro
    y hoy no hay postre,
        pero quién sabe si mañana habrá.
Me he cansado de ser la que nunca fui, el acertijo que todo el mundo parece conocer. Y tú aún sin resolverme.
Y tú aún sin verme, escucharme, saberme.
No es tu culpa que use siempre la misma fuente y el mismo tamaño de letra, ni que tú no seas otra. Que seas mi favorito.
Por un momento pensé en dejar de escribirte, pero no quiero que me empieces a escribir tú a mí, yo a nosotros o nosotros a ninguno.

4 de junio de 2015

Picaflor.

¿Somos nosotros los locos por querer taparnos la cara? Que ya ni sentimos vergüenza, pero no me veas sonreír. Que no necesitamos colorete, con un par de palabras me bastan. Y somos tan típicos como pintalabios color besos. A veces pintamonas, pagafantas, picaflor; otras no eres. Y somos, juro que lo somos. Pero ya sabemos que lo que se nos da bien es querernos en silencio y a ratos, pero no parece tan malo cuando estamos en tu habitación. Ni cuando sabemos que los que mejor nos entendemos somos nosotros, y que nuestros cumplidos son los únicos que valen tanto como tú.
Sabemos que es un papel y millones de letras, cartas de despedida. Para volver a vernos en un tiempo porque nos necesitamos y somos muy cobardes para decirlo pero valientes para pensarlo. Espero que en unos años nos leamos como si fuésemos nuestro libro favorito de la librería, y el autor sea tan cobarde de no decir su nombre.

15 de mayo de 2015

La sangre alterada.

Escribía con los ojos lo que no quería decirme a la cara. Me daba margen para no responder a los disparos. Silenciaba el mundo si bailaba, paraba molinos con su aliento. Todo lo que pisaba se convertía en primavera -menos yo. Salían flores de su sonrisa y de sus manos agua para regarlas. Las regalaba a madres tristes y a padres cansados. A mí me regaló el amor que yo una vez la regalé, el alivio que encontré debajo de su almohada y los sueños que nunca me concedieron. La regalé el comodín de la duda por si nunca lo quería utilizar. Desde entonces sus palabras son más frescas y su sonrisa menos pícara. Cada mañana era el sol que entra a través de la persiana, el que te da en la espalda desnuda después de una noche larga. Era todo lo que quería, y todo lo que quiero. Yo soy todo lo que no quería querer, que acabó teniendo. Regalamos, hicimos y fuimos, somos y seremos amor.

21 de abril de 2015

Que en poco espacio quepa mucho dolor.

Eres tú el que hace la foto cuando estoy llorando. No mientas y digas que todos merecemos fotos mostrando nuestros sentimientos. Tú estás siempre detrás de la cámara, sonriendo. Un primer plano de la calentura de mi labio, la quemadura de mi muñeca y el moratón que dejaron tus puños- o labios. La pupila dilatada en la que te reflejas oscuro y cruel o feliz. El objetivo tiene doble significado pero ambos soy yo.
Que en poco espacio quepa mucho dolor. (Sea en un papel o en mi corazón).
Estamos como siempre para decirnos hasta nunca.

22 de marzo de 2015

Encuentra las 7 diferencias:

Tienes la última palabra y la primera. Y las de en medio, pero eso no importa.
Me enseñaste la diferencia entre la gente que saca el brazo para parar un coche y
los que paran un coche para sacar los brazos.

La diferencia es una ventana. Y la inercia de querer salir afuera y el deseo de quedarse toda una vida en el mismo sitio. Todavía me sorprende que nunca me hayas visto escribirte porque parece que estás siempre presente, aunque nunca sea bueno.

Quiero que confundas el sonido de un teclado de ordenador con una máquina de escribir y me expliques por qué ya no te gusta la lluvia. Que me mojes la cara con verdades, una ducha de agua helada. Aunque a veces quiero que me mientas, mi corazón necesita calor para bombearte.

Me sorprende que todavía no me preguntes en que se diferencia un corazón que bombea sangre y un kamikaze con ganas de divertirse. Espero que no tengas ya la respuesta porque esa me la sabía. El kamikaze es inteligente. Joder, espero que no guardes el secreto del triángulo de las Bermudas, ni que me faltan dos órganos que cubren las costillas.

Diferénciame una caja torácica y una caja de música, con una bailarina dando vueltas aburrida y tú mirándola a ratos, que todavía no lo sé. Por tus manos han pasado tres telas y dos velos y un único pánico (devolverme los papeles manchados con su sangre). Esa es la diferencia entre un columpio y un trapecista: el columpio te tira, el trapecista lo admira.

7 de marzo de 2015

El circo de los huesos.

Tengo este tic en la mano que no me deja escribir. Llega con un pequeño ataque de ansiedad y de inspiración, y no paro de temblar. Miro las uñas de mis pulgares y pienso en si de verdad merece la pena sufrir para escribir cuatro versos de mala muerte que nadie acaba leyendo. Ya no estoy ebria de las palabras que dejaban mis manos, ni de la tinta en el papel. Pero veo como mi mano coge la pastilla que nada hace menos revolver viejos demonios. O calmarlos. Y lo veo desde fuera, desde otra persona. Parezco un trapecista en mi mente, justo antes de que alguien corte la cuerda y caiga de lleno en la realidad. Trapecista por ser torpe. Y no doy pie con bola. Conozco la mejor marca de tiritas aunque me gustan más los vendajes. (Sobretodo alrededor de mis ojos para una sorpresa).
Soy un trapecista en mis venas que sube y baja y baila ballet con un mallot muy grande para mí. Después de lanzarse de lleno a mi corazón, antes de que el circo cierre.

7 de febrero de 2015

Caramelo amargo.

A veces tengo que preguntarle a otras personas cómo me siento,
porque yo no soy capaz de contestarme, ni sé la respuesta.
Mis venas son verdes, verde sucio, verde alga, verde cloaca.
Eran cuatro líneas que intentaron ser rectas, se desviaron en el camino
y se perdieron.
Ahora son seis y se enlazan y se ahogan como un juego al que nadie
quiere jugar.
La ruleta rusa tiene sus seguidores pero mi cabeza es el propio
seguidor de su juego.
Qué son las quejas sino las marcas de un hierro incandescente presionado
contra la piel de tu espalda.
Mi, tu, su, pero nunca nuestro, ni vuestro.
Cuando pierdo la conexión con mis pensamientos sonrío. Y me vuelvo a perder
cuál gilipollas en un nuevo andén.
Yo ya estoy vieja, no sabia. Todavía creo que lo que digo tiene sentido.
Sólo hay un sentido y es hacia Barcelona, o esa es la dirección.
Calle mayor. Y en medio un atropello que sólo veo yo. Ojalá fuese la
víctima. Y ella quiere ser yo, que no me conoce.
Cree que vivir en mí es mejor que morir, sin darse cuenta que vivir en mí
es morir en cada instante de una forma poco trágica y poco memorable.
Atragantarse con un caramelo de café.
Perder la cabeza, literalmente.

Que acabes mirándome como antes. Confundirlo con amor y amar (o querer).
Borrar cada punto y seguido para escribir algo aún más triste.
Dejar de mirar a la pantalla y a la realidad, las teclas no cambian de sitio.
No me mienten pero me ocultan si ven que me quiero morir.
Me miran con regusto empático. Dicen que ellas mueren cada vez que las tocan,
y pobre quién las crea.
Las palabras se mueren si las quemas, si las rozas se ruborizan. Si las leen
acaban como yo. Y nadie quiere, menos la víctima del atropello.
"No me mires", "tranquilo, que no tengo ojos". Y hace una pausa esperando
una risa. Yo también la espero. "Tienes la voz de alguien que se está
ahorcando por dentro," y tenía razón.

16 de enero de 2015

Tienes nombre de estar triste.

Odio este tipo de días. Así que voy a hablar de Lorena.
Lorena era una chica que lloraba si la mirabas, por lo que nunca lloraba.
Bailaba al ritmo del jazz siendo arrítmica y pisaba las baldosas rosas de su casa evitando las blancas.
Era daltónica pero veía infinitos colores más que nosotros, y era feliz como ninguna otra persona.
Me quería como nunca quise que me quisieran, menudo cacao mental.
Yo soy de café amargo y ella de chocolate con churros.
Joder Lorena, me cosiste una sonrisa cuando quería llorar y eres
malvada y cruel.
Por qué aprendiste eso de mí pudiendo aprender a besar. Sólo me
mordías el labio, a cualquier dolor le llamabas beso y a mí me
llamabas amor.
Sigue bailando jazz y salsa con un cadáver. Se casa con la muerte
y fallece el ramo de la novia.

1 de enero de 2015

Éxtasis:

Está bien perder de vez en cuando los papeles y las cartas.
Las palabras, el conocimiento. Conocer el clímax de la relajación.
Perderse en uno mismo, o en otros. O en muchos.
En personas o en sitios. Y encontrarte en medio del éxtasis.
Que el gato te coma la lengua y que folléis,
que el gato se llame como el amor de tu vida o como tú
quieras que se llame.