Está bien perder de vez en cuando los papeles y las cartas.
Las palabras, el conocimiento. Conocer el clímax de la relajación.
Perderse en uno mismo, o en otros. O en muchos.
En personas o en sitios. Y encontrarte en medio del éxtasis.
Que el gato te coma la lengua y que folléis,
que el gato se llame como el amor de tu vida o como tú
quieras que se llame.
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