22 de marzo de 2015

Encuentra las 7 diferencias:

Tienes la última palabra y la primera. Y las de en medio, pero eso no importa.
Me enseñaste la diferencia entre la gente que saca el brazo para parar un coche y
los que paran un coche para sacar los brazos.

La diferencia es una ventana. Y la inercia de querer salir afuera y el deseo de quedarse toda una vida en el mismo sitio. Todavía me sorprende que nunca me hayas visto escribirte porque parece que estás siempre presente, aunque nunca sea bueno.

Quiero que confundas el sonido de un teclado de ordenador con una máquina de escribir y me expliques por qué ya no te gusta la lluvia. Que me mojes la cara con verdades, una ducha de agua helada. Aunque a veces quiero que me mientas, mi corazón necesita calor para bombearte.

Me sorprende que todavía no me preguntes en que se diferencia un corazón que bombea sangre y un kamikaze con ganas de divertirse. Espero que no tengas ya la respuesta porque esa me la sabía. El kamikaze es inteligente. Joder, espero que no guardes el secreto del triángulo de las Bermudas, ni que me faltan dos órganos que cubren las costillas.

Diferénciame una caja torácica y una caja de música, con una bailarina dando vueltas aburrida y tú mirándola a ratos, que todavía no lo sé. Por tus manos han pasado tres telas y dos velos y un único pánico (devolverme los papeles manchados con su sangre). Esa es la diferencia entre un columpio y un trapecista: el columpio te tira, el trapecista lo admira.

7 de marzo de 2015

El circo de los huesos.

Tengo este tic en la mano que no me deja escribir. Llega con un pequeño ataque de ansiedad y de inspiración, y no paro de temblar. Miro las uñas de mis pulgares y pienso en si de verdad merece la pena sufrir para escribir cuatro versos de mala muerte que nadie acaba leyendo. Ya no estoy ebria de las palabras que dejaban mis manos, ni de la tinta en el papel. Pero veo como mi mano coge la pastilla que nada hace menos revolver viejos demonios. O calmarlos. Y lo veo desde fuera, desde otra persona. Parezco un trapecista en mi mente, justo antes de que alguien corte la cuerda y caiga de lleno en la realidad. Trapecista por ser torpe. Y no doy pie con bola. Conozco la mejor marca de tiritas aunque me gustan más los vendajes. (Sobretodo alrededor de mis ojos para una sorpresa).
Soy un trapecista en mis venas que sube y baja y baila ballet con un mallot muy grande para mí. Después de lanzarse de lleno a mi corazón, antes de que el circo cierre.