7 de marzo de 2015

El circo de los huesos.

Tengo este tic en la mano que no me deja escribir. Llega con un pequeño ataque de ansiedad y de inspiración, y no paro de temblar. Miro las uñas de mis pulgares y pienso en si de verdad merece la pena sufrir para escribir cuatro versos de mala muerte que nadie acaba leyendo. Ya no estoy ebria de las palabras que dejaban mis manos, ni de la tinta en el papel. Pero veo como mi mano coge la pastilla que nada hace menos revolver viejos demonios. O calmarlos. Y lo veo desde fuera, desde otra persona. Parezco un trapecista en mi mente, justo antes de que alguien corte la cuerda y caiga de lleno en la realidad. Trapecista por ser torpe. Y no doy pie con bola. Conozco la mejor marca de tiritas aunque me gustan más los vendajes. (Sobretodo alrededor de mis ojos para una sorpresa).
Soy un trapecista en mis venas que sube y baja y baila ballet con un mallot muy grande para mí. Después de lanzarse de lleno a mi corazón, antes de que el circo cierre.

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