Intenté reunir treinta canciones que explicasen qué está muriendo dentro de mí. Ahora tengo treinta canciones que me recuerdan a ti sonando sin parar en mi cabeza. Quién dijo que plantar amapolas en el pecho era una buena idea, ahora me quedan las malas hierbas entrelazadas con mis órganos. Y tú vuelves a estar ahí, en todas partes, en cualquier sitio menos cerca de mí físicamente. Eres los hematomas en mi piel, el recuerdo de una buena experiencia que ahora duele si la tocas, si la pienso y si te pienso.
Eres un libro empezado del que perdí la página. Me quedé atrás buscando entre millones de palabras un espacio entre el "tú" de la primera página y el "yo" de la última. No hay nada que nos una. No te llevaste nada mío, no quisiste llevarte una parte de mí. Tengo doce hematomas, treinta canciones, siete amapolas y veinticuatro horas para pensarte.
Tú tienes el tiempo restante.
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